Julio 20 2008

Con la soja al cuello

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Lo que pasó el jueves a la madrugada en este país no pasa en ningún lugar de este mundo. Absolutamente en ninguno. Empecemos por ahí. Porque vale para tomarlo como referencia del análisis global que pretenden las siguientes líneas.

Que un vicepresidente vote en contra de su gobierno; que lo haga a seis meses de iniciado éste; que lo ejecute en una instancia crucial para la suerte de la fuerza que integra; que no sólo no haya tenido la ética de renunciar, sino que porte la amoralidad de decirle a su compañera de fórmula que aquí no ha pasado nada y que quiere seguir a su lado hasta el 2011; que el conjunto de los periodistas de la Patria Mediática, siempre horrorizados por la prostitución ideológica de “los políticos” y alucinados con Borocotó hasta ayer nomás, rescate casi sin eufemismos los huevos que tuvo Cobos; señoras y señores, todas y todos, como se dice ahora, Borges y Groucho Marx hubieran quedado boquiabiertos. Pero que se haya cruzado este límite surrealista es la pauta de la monumentalidad de los errores del Gobierno y de la magnitud del enemigo, más allá de que ese enemigo haya sido revivido y potenciado por esos errores. Dijo un funcionario kirchnerista, off the record, por supuesto: “La primera vez que tocamos intereses concretos del poder, del poder real, lo único que se nos ocurrió fue enfrentarlos con el bombo y la marcha peronista. Así que nos pasó lo que nos tenía que pasar”.

Esa primera persona del plural es un elemento muy interesante. De qué hablan algunos cuando hablan de nosotros, y de qué hablamos muchos de nosotros cuando nos referimos al ellos. Porque por ahí pasa el todo o una muy buena parte no ya del diagnóstico que cada quien encuentre frente a la situación, sino del modo en que se siente comprometido por ella. Cuando desde el oficialismo citan el nosotros, inclusive en las escasísimas oportunidades en que (siempre de forma reservada) ejercen autocrítica, lo hacen munidos de un sentido marcadamente excluyente, que se reserva la apropiación pero sobre todo las consecuencias de toda victoria, derrota, disposición o gesto político. Esa es en verdad la soberbia preocupante. El resto -los mohines de ella, el tipo de relación con la prensa, las actitudes sobradoras de él, las frases destempladas- son un aspecto secundario que le da letra a la Patria Mediática. Lo que cuenta es esa suerte de desprecio por el hecho de que las ulterioridades de las decisiones que toman, o de la forma de implementarlas, no los afecta solamente a ellos, sino al grueso de quienes ellos, el Gobierno, dicen representar con dirección progresista.

En analogía, tras el Waterloo del jueves se escucha a muchos progres que pasan la factura por el número de estropicios oficialistas. Todo lo que se reprocha es cierto. Que se jodan por aliarse con radicales, que tienen el invicto histórico de terminar, siempre, traicionando. Que se jodan por haber apostado a la estructura mafiosa de los barones del conurbano. Que se jodan por no haber abierto el juego por afuera del PJ. Que se jodan por la admirable ingenuidad de haber mandado el proyecto al Congreso. Que se jodan por apoyarse en la burocracia de la CGT y no darle personería a la CTA. Que se jodan por su estilo capanga de conducción. Que se jodan por no profundizar la afectación de otros bloques de la clase dominante y acabar sin pan y sin torta. Todo correcto. Pero resulta que a la par del kirchnerismo se jodió, precisamente, la muy tibia posibilidad de seguir avanzando en un modestísimo proceso de pequeños cambios que es, al fin y al cabo, el paso tolerable para esta sociedad. Sin ir más lejos, es muy probable que después del jueves haya entrado al freezer el proyecto de una nueva Ley de Radiodifusión, que reemplazara por fin a la vigente desde la dictadura y que abriera el espectro a nuevos actores comunicacionales. El Gobierno teme, con cierta razón, que pueda sucederle en el Congreso lo mismo que acaba de pasarle o, peor aún, que la ley salga como pretenden los grandes pulpos mediáticos. ¿Se jodió el Gobierno o se jodió la mayoría? En otras palabras, ahora la salida es muy posible o claramente por derecha, por lo peor de la derecha, y lo que se jodió está lejos de ser sólo el kirchnerismo. ¿Dónde ponemos el nosotros, entonces, y dónde el ellos?

Alguna parte de esa lógica de escupir para arriba, sin reparar o sin que importe que el salivazo caiga en un radio mucho más amplio que el de origen, tal vez le quepa o le vaya a caber a algunos de los que hoy creen, de buena fe, que el jueves ganó la democracia, o la moderación, o el consenso. O la buena fe, justamente. Alguien, pocos, varios de quienes no soportan a este Gobierno, o de quienes frente al conflicto puntual decidieron estar enfrente, deben haber dudado del sincero corazón de Cobos cuando a las pocas horas de votar se trepó al auto para recoger en los caminos y pueblos la adhesión chacarera. Debe ser un hallazgo o hecho psicológico de fuste que al rato de vivir el momento más difícil de la vida uno ande feliz por las rutas argentinas, con una sonrisa radiante y mostrándose para la foto. Alguien, pocos, varios tienen que haber sentido un cosquilleo cuando la vieron a Carrió advertir que su misticismo había acertado, por fin, el mes exacto en que llegaría el Mesías o el Apocalipsis, no importa. Tiene que haber generado algo en la gente de buena fe verlo al ruralista Llambías cantando la marcha peronista con Luis Barrionuevo (igual que verlo a Saadi votando el proyecto oficial, nadie dice lo contrario). Osvaldo Bayer se pregunta hoy si nadie le habrá tarareado a Cobos, durante el festejo palermitano, el “for he is jolly good fellow” (porque eres un buen camarada) que los estancieros ingleses le cantaron al teniente coronel Varela, en 1922, al cabo del fusilamiento de centenares de peones patagónicos. Alguno debe haber capaz de conmoverse un poquito por llamarle o haberle llamado “dictadura” al único oficialismo del mundo cuyo vicepresidente le vota en contra y lo hiere de muerte, quizás, porque terminó siendo que semejante dictadura es tan torpe que ni siquiera tenía información de lo que podría ocurrirle en el Congreso.

Cupo recordar por estos días una definición de Gramsci: es hegemonía cuando una clase, o fracción de una clase, logra convencer al resto de las clases, o fracciones de clase, de que sus intereses particulares son los intereses generales. Eso, exactamente eso, es lo que acaba de (volver a) consumarse en la Argentina. Pero no en la madrugada del jueves. Y ni siquiera desde marzo último, cuando en la conjunción de los desatinos gubernamentales, y el aprovechamiento de ellos por parte de la fracción gauchócrata-mediática, comenzó a tejerse el entramado que Julio Cobos coronó con la teatralización de su cinismo supremo. Esto viene y se repite desde hace más de 30 años. Es la victoria de las patronales de los milicos. Son los 30 mil desaparecidos, el Auschwitz argentino para que se haya logrado juzgar y encarcelar a los genocidas, pero no revertir la fenomenal derrota política que supone el terror de las clases medias y populares a cualquier vía de avances alterativos del humor de los privilegiados. Cobos, y junto a él los pusilánimes que priorizaron sus hectáreas, sus chacritas, la tranquilidad del vermucito y la siesta cuando vuelven al pago, la defensa falsa del funcionamiento institucional para que la coreografía periodística los ampare, traicionaron acuerdos políticos de circunstancia. Fueron infieles, pero no desleales. Debajo de la superficie -o bien arriba, en realidad- respetaron a rajatabla su cuadro de valores ideológico: no apartarse jamás de los que estarán siempre, de los que tienen la plata del poder verdadero. Los demás van y vienen, llámense Kirchner o como sea. Los Llambías y los Miguens no. Ellos están siempre. Ellos y el tilingaje que quiere ser como ellos y nunca lo será. Los pobres y el medio pelo que piensan con la cabeza de los ricos son el reaseguro de estos tipos.

Ganaron otra vez, aunque en esta oportunidad no corresponde felicitarlos porque la mayor y mejor parte del trabajo la hizo el Gobierno. El matrimonio presidencial, es decir, porque casi no hay más gobierno que ése. Les resta la rearticulación de sus fuerzas políticas y entronizar al Menem Blanco, que bien podría ser el propio Cobos ahora que es el héroe nacional de la gran familia argentina. Los rentistas agrarios, los periodistas del sentido común, la Sociedad Rural, Lilita, Monsanto, las patrullas troscas que les proveen cotillón, Duhalde, los radicales, Macri. Es eso. No hay comandos civiles, ni grupos de tareas ni ninguna de las afiebradas fantasías o recursos retóricos con los que Kirchner tiró sus últimos manotazos.

El golpe es la repetición de la derrota cultural. Ese sí. Terminan de concretarlo. Y que cada quien se haga cargo de la parte que le toca.

Eduardo Aliverti

MARCA DE RADIO, sábado 19 de julio de 2008.

Julio 19 2008

Buzzi a favor de la 125

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Festejo de Buzzi

Mientras el Senado todavía debatía, Buzzi reconoció ante los medios que el proyecto mejoraba la situación de entre 40 y 45 mil productores, de un total de casi 50 mil. O sea: según el presidente de la Federación Agraria, entre un 80 y un 90% de los productores se verían beneficiados por la 125.

Después del rechazo en el senado y el festejo de la mesa de enlace, Eduardo Buzzi, presidente de Federación Agraria pidió por la segmentación y compensaciones a los que produzcan menos de 300 toneladas.

Repasemos: como se estableció en la media sanción, los pequeños productores que cosecharan menos de 300 toneladas iban a ver mejorada su situación con respecto al 10 de Marzo, tributando una retención fija del 30%. Para los pequeños y medianos que produjeran menos de 750 y más de 300 toneladas las retenciones le hubieran quedado en las mismas condiciones que antes de la 125, pero con un precio de la soja extremadamente superior.

Justo lo que reclama Buzzi.

De hecho en estos días junto a Cobos insisten que se debata una nueva medida de retenciones móviles. Lo gracioso es que el propio presidente del Senado y vicepresidente de la nación, junto a alguien que se pasó hablando 125 días de constitucionalidad quieran lograr una maniobra que no respetaría la constitución nacional, ya que al rechazar de lleno sin modificaciones la propuesta, no puede volver a tratarse por un año el mismo tema.

Julio 04 2008

Un poco de demagogia a la derecha, por favor

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El Che Guevara es un símbolo maravilloso para la sociedad Argentina.

¿Lo dijo Fidel? ¿Lo dijo Lozano? ¿Quizás fue Vilma Ripoll? ¿Fue Hermes Binner?

¡Error! El autor de semejante comentario fue Eduardo Buzzi. Personalmente, creo que es su segunda mejor frase después de “demostramos que podemos desabastecer”.

Eduardo BuzziNo caben dudas que este comentario, expresado en simultáneo con el homenaje al “Che” en la ciudad de Rosario, es un acto de desmesurada demagogia. Sobre todo si tenemos en cuenta que el gobierno cubano con Guevara como integrante, llevó a cabo en 1959 y profundizó en 1961 la llamada Reforma Agraria, la cual confiscó las tierras para entregárselas a los trabajadores campesinos.

En estos días se lo puede escuchar a Buzzi pidiendo que los reintegros se hagan para todos los productores que produzcan menos de 3 mil toneladas. Curioso proviniendo de un admirador de Guevara quien en la Segunda Reforma Agraria limitó la propiedad a 33 hectáreas.

Yo puedo asegurarles que (…) no habrá enemigo latifundista interno, ni enemigo extranjero que pueda impedir la Reforma Agraria. (…) nosotros estamos decididos hoy, a llegar hasta el latifundio, hasta atacarlo y destruirlo completamente.

Discurso en “El Pedrero” Ernesto “Che” Guevara

Julio 04 2008

¿Qué dice Aldo Ferrer?

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Antes que nada, ¿quién es Aldo Ferrer?

Aldo FerrerAldo Ferrer es un distinguido economista argentino, quizás el más distinguido de la actualidad. Más allá de sus ideales políticos, es considerado por unanimidad como un erudito en materia económica. Dentro del ámbito universitario, los alumnos se desviven año a año haciendo lo imposible para lograr uno de los limitados cupos que otorga su cátedra. Es autor de bibliografía “obligatoria” para cualquier alumno de economía.

Fue partícipe del llamado Plan Fénix. El Plan Fénix es un proyecto llevado a cabo por diversos intelectuales y entendedores de la materia económica. Según Universia:

El Grupo Fénix se constituyó con un conjunto de economistas que, desde fines de 2000, consideró necesario discutir, en el ámbito de la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA, los problemas centrales de la economía argentina y comenzar a formular propuestas, con la mirada puesta en el mediano y largo plazo, y también medidas de corto plazo, que permitieran enfrentar la crisis inédita del país.

¿Qué opina Aldo Ferrer?

El día Martes en el programa Palabras más palabras menos conducido por Ernesto Tenembaum y Marcelo Zlotogwiazda se le realizó una entrevista amplia y más que interesante en vivo al economista (recomiendo ver la nota entera en la página de TN).

Me gustaría destacar ciertos extractos:

El país está inserto en el mercado mundial. El mercado mundial tiene precios. (…) Si nosotros admitimos que esos precios se trasladen al mercado interno, la economía argentina la organiza el mercado mundial, y por lo tanto no tenemos desarrollo, porque el desarrollo es la construcción de un espacio de los diversos sectores: de la industria, del campo, de la construcción, de los servicios…

En este fragmento se observa lo que predomina a lo largo de toda la entrevista: un punto de vista diferente, amplio y abarcativo. Quizás no deberíamos debatir sobre el conflicto con las entidades rurales sin tener un ojo puesto en el marco general económico que le queremos dar al país.

Un estado moderno, y eso pasa en todos los estados modernos, administra las señales de precios que vienen del mercado mundial, de fronteras para adentro para permitir que le conjunto de la actividad productiva sea rentable y se pueda desplegar. Entonces el sentido de las retenciones (…) no es el aspecto distributivo. El debate se ha planteado esencialmente en términos de distribución de un ingreso que surge de un determinado precio internacional, dado el tipo de cambio. Y otro que el problema no es básicamente de distribución, es de estructura productiva. Nosotros tenemos que modificar los precios internacionales trasladados hacia adentro para que la soja sea rentable, el maíz sea rentable, la producción agroindustrial sea rentable, avanzar en ese progreso extraordinario que ha tenido la cadena agroindustrial, y al mismo tiempo permitir tener otras actividades. Porque todo lo que llamamos “el campo”, una simplificación, emplea un conjunto de un tercio de la fuerza de trabajo, incluyendo todas las actividades conexas. Si nosotros no tenemos una estructura integrada, con una gran industria, nos sobra la mitad de la población.

Ampliando un poco el extracto anterior, Ferrer explica y plantea el tema de las retenciones en un marco económico general. Habla de los precios internos, y de productividad de una forma muy clara e inteligente.

A continuación dejo un fragmento que plasma una idea que no había escuchado hasta el momento y que me parece simplemente genial:

Las retenciones son un instrumento para tener un tipos de cambio diferenciales. Para poder competir en el mundo moderno no podemos tener el mismo tipo de cambio para la soja que para la venta de maquinarias, de productos químicos, de productos electrónicos… necesitamos tipos de cambio diferenciales. La retención es uno de los instrumentos posibles. Entonces yo creo que el debate (…) hay que hacerlo en términos de estructura productiva y de posicionamiento del país en el mercado mundial, en el entendimiento de que tenemos que tener un país con un gran campo, con una gran industria, en todas las regiones del país.

¡Qué lúcido! Se plantea aquí la necesidad de distintos tipos de cambio para cada sector que conforma la estructura productiva nacional, cuyas necesidades al respecto son diferentes entre sí, y la herramienta de la retención para solucionarlo.

Los aliento a que vean la entrevista entera, ya que después explica cómo y por qué tenemos que tener una estructura diversificada, y que no podemos aspirar simplemente a ser nuevamente “el granero del mundo”. Tenemos que pensar nuestro modelo más allá del “campo”.

Cuando se le pregunta por el conflicto en sí, responde con una opinión por demás alejada a la visión apocalíptica que solemos tener los argentinos:

Yo creo que lo característico de este conflicto, lo que a mi siempre me llevó a la idea de que esto se tiene que arreglar, es que comparado con la experiencia histórica se plantea dadas tres circunstancias. En el marco de la constitución: a nadie se le ocurre que esto se puede resolver fuera del marco de la constitución, el hecho de que entre el congreso es un paso fundamental; segundo, se produce en el marco de una economía ordenada: nos hemos dado el lujo en un momento de conmoción en los mercados financieros internacionales (…) armar un lío de este calibre en la Argentina y acá no pasa casi nada, quiero decir que no hay un descalabro, no es un 2001, no es un 2002, no es el momento de la caída de Alfonsín, no hay hiperinflación, es decir, la economía está bajo control; y el tercer elemento: (…) buenos precios internacionales.

Es muy interesante la posición que plantea Ferrer, no sólo desde el punto de las retenciones sino desde el punto contextual.

La semana pasada Ferrer expuso sus puntos de vista en el parlamento bajo circunstancias poco normales. Según Crítica:

Todo transcurría como en los últimos dos días: un recinto atestado de diputados, asesores, periodistas y público en general, cuando la exposición del economista Aldo Ferrer fue interrumpida este mediodía por los gritos y empujones de un grupo de productores de Río Negro que entraron a la pequeña sala para exigir el tratamiento de las retenciones a las peras y manzanas.

Links de interés:

Julio 02 2008

Señora, está siendo estafada

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CacerolazoOk. Yo puedo entender que nos sintamos héroes sociales abollando nuestras cacerolas en la esquina de casa. También puedo entender que revivamos gratos momentos como cuando la gloriosa clase media echó a “Chupete”. De más está decir que entiendo el enojo que le causa, señora, cien días de conflictos, idas y venidas, desabastecimiento y suba de precios. Pero, ¿a quién estamos beneficiando?

La mesa de enlace: ¿Qué sabemos de las entidades que las componen? En realidad no mucho. Investigando un poco uno se puede encontrar con cosas como esta (Agosto de 2003):

En estos días las entidades que nuclean al sector agropecuario han hecho sentir su fuerte oposición a los cambios propuestos por la Administración Federal de Ingresos Públicos (AFIP) para el cálculo del impuesto a las ganancias en las exportaciones de cereales y oleaginosas. Este reclamo se suma al que vienen efectuando desde hace más de un año para eliminar las retenciones (impuestos a las exportaciones) que gravan al sector.

Ejem, ¿eliminar retenciones? ¿No será mucho? Continuemos:

A partir de febrero del 2002 el gobierno volvió a recurrir a este instrumento (retenciones) de política fiscal, muy utilizado en el pasado y eliminado en la década del 90.

Bien, algo que al menos yo no escuché en todo este conflicto. Durante los 90’s fueron eliminadas las retenciones. ¿No necesito ponerme a explicar lo malo que fueron los 90’s para nuestra economía, no?

Las entidades agropecuarias cuentan en este terreno con un importante aliado, el Fondo Monetario Internacional (FMI), que ha reclamado por la eliminación de estos impuestos.

¡Ah, ah! El Fondo también presiona por la eliminación de las retenciones. Todavía me acuerdo lo felices y tranquilos que nos sentimos los argentinos de clase media cuando nos libramos de estos tipos.

De Angelis junto a genocidaEstamos todos de acuerdo en que nuestro país tiene un pasado tormentoso. Lo que yo leo investigando apenas un poco de la historia de estas entidades, es que no se resignan a soltar los beneficios que los 90’s les dejaron… en el mejor de los casos. Recordemos: La Sociedad Rural Argentina fue la cuna de José Martinez de Hoz, padre del modelo económico impuesto por la dictadura y del cual hoy todavía sufrimos sus consecuencias; en 1980 Juan Antonio Pirán, por entonces presidente de la SRA y otros dirigentes, fueron en persona a pedirle al Ministro del Interior (de facto) Albano Harguindeguy que el gobierno no apresurara una salida democrática para el país; otra vez la SRA, esta vez desde su sede en Tucumán, entrega una medalla de reconocimiento al genocida Antonio Bussi; el mediático Alfredo De Ángelis se mostró por estos días junto a Julio Manuel Mendez, responsable de uno de los tantos centros clandestinos de detención… Los 90’s fueron graves, ¿pero encima ahora nos quieren manipular defensores de lo más nefasto de los 70’s?

Señora, me acuerdo cuando despotricaba contra aquellos que cortaban Puente Pueyrredón porque no tenían para darle de comer a sus hijos. ¿Por qué ahora defiende a los que cortan rutas nacionales y no dejan que usted acceda libremente a los alimentos?

Información es lo que nos está faltando.