Agosto 18 2009

Caos, crisis, ¡conflicto!

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El conflicto del campo. El conflicto del fútbol. ¡Conflicto!

Personalmente creo que ésta ha sido una de las mejores jugadas mediáticas para torcer la opinión pública. Si hay algo que detesta la clase media, algo que no puede soportar, es la sensación de conflicto. ¡El clasemedia® necesita que le digan que no hay inestabilidad!

No es para nada inocente esta práctica. En las útlimas semanas vimos cómo se tituló “Conflicto” a un hecho que no fue para nada conflictivo, salvo para una empresa en particular: La estatización de la televisación del fútbol.

El problema es que ya estamos tan acostumbrados a que nos machaquen con estas palabras que ya nos lo creemos. Ya estamos esperando nuevos problemas, más caos. Y algunos empiezan a cansarse de un entorno que creen conflictivo sin entender que el conflicto lo tienen solamente aquellos que nos están taladrando el cerebro gritando con letras de molde Caos, crisis, ¡conflicto!

Julio 20 2008

Con la soja al cuello

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Lo que pasó el jueves a la madrugada en este país no pasa en ningún lugar de este mundo. Absolutamente en ninguno. Empecemos por ahí. Porque vale para tomarlo como referencia del análisis global que pretenden las siguientes líneas.

Que un vicepresidente vote en contra de su gobierno; que lo haga a seis meses de iniciado éste; que lo ejecute en una instancia crucial para la suerte de la fuerza que integra; que no sólo no haya tenido la ética de renunciar, sino que porte la amoralidad de decirle a su compañera de fórmula que aquí no ha pasado nada y que quiere seguir a su lado hasta el 2011; que el conjunto de los periodistas de la Patria Mediática, siempre horrorizados por la prostitución ideológica de “los políticos” y alucinados con Borocotó hasta ayer nomás, rescate casi sin eufemismos los huevos que tuvo Cobos; señoras y señores, todas y todos, como se dice ahora, Borges y Groucho Marx hubieran quedado boquiabiertos. Pero que se haya cruzado este límite surrealista es la pauta de la monumentalidad de los errores del Gobierno y de la magnitud del enemigo, más allá de que ese enemigo haya sido revivido y potenciado por esos errores. Dijo un funcionario kirchnerista, off the record, por supuesto: “La primera vez que tocamos intereses concretos del poder, del poder real, lo único que se nos ocurrió fue enfrentarlos con el bombo y la marcha peronista. Así que nos pasó lo que nos tenía que pasar”.

Esa primera persona del plural es un elemento muy interesante. De qué hablan algunos cuando hablan de nosotros, y de qué hablamos muchos de nosotros cuando nos referimos al ellos. Porque por ahí pasa el todo o una muy buena parte no ya del diagnóstico que cada quien encuentre frente a la situación, sino del modo en que se siente comprometido por ella. Cuando desde el oficialismo citan el nosotros, inclusive en las escasísimas oportunidades en que (siempre de forma reservada) ejercen autocrítica, lo hacen munidos de un sentido marcadamente excluyente, que se reserva la apropiación pero sobre todo las consecuencias de toda victoria, derrota, disposición o gesto político. Esa es en verdad la soberbia preocupante. El resto -los mohines de ella, el tipo de relación con la prensa, las actitudes sobradoras de él, las frases destempladas- son un aspecto secundario que le da letra a la Patria Mediática. Lo que cuenta es esa suerte de desprecio por el hecho de que las ulterioridades de las decisiones que toman, o de la forma de implementarlas, no los afecta solamente a ellos, sino al grueso de quienes ellos, el Gobierno, dicen representar con dirección progresista.

En analogía, tras el Waterloo del jueves se escucha a muchos progres que pasan la factura por el número de estropicios oficialistas. Todo lo que se reprocha es cierto. Que se jodan por aliarse con radicales, que tienen el invicto histórico de terminar, siempre, traicionando. Que se jodan por haber apostado a la estructura mafiosa de los barones del conurbano. Que se jodan por no haber abierto el juego por afuera del PJ. Que se jodan por la admirable ingenuidad de haber mandado el proyecto al Congreso. Que se jodan por apoyarse en la burocracia de la CGT y no darle personería a la CTA. Que se jodan por su estilo capanga de conducción. Que se jodan por no profundizar la afectación de otros bloques de la clase dominante y acabar sin pan y sin torta. Todo correcto. Pero resulta que a la par del kirchnerismo se jodió, precisamente, la muy tibia posibilidad de seguir avanzando en un modestísimo proceso de pequeños cambios que es, al fin y al cabo, el paso tolerable para esta sociedad. Sin ir más lejos, es muy probable que después del jueves haya entrado al freezer el proyecto de una nueva Ley de Radiodifusión, que reemplazara por fin a la vigente desde la dictadura y que abriera el espectro a nuevos actores comunicacionales. El Gobierno teme, con cierta razón, que pueda sucederle en el Congreso lo mismo que acaba de pasarle o, peor aún, que la ley salga como pretenden los grandes pulpos mediáticos. ¿Se jodió el Gobierno o se jodió la mayoría? En otras palabras, ahora la salida es muy posible o claramente por derecha, por lo peor de la derecha, y lo que se jodió está lejos de ser sólo el kirchnerismo. ¿Dónde ponemos el nosotros, entonces, y dónde el ellos?

Alguna parte de esa lógica de escupir para arriba, sin reparar o sin que importe que el salivazo caiga en un radio mucho más amplio que el de origen, tal vez le quepa o le vaya a caber a algunos de los que hoy creen, de buena fe, que el jueves ganó la democracia, o la moderación, o el consenso. O la buena fe, justamente. Alguien, pocos, varios de quienes no soportan a este Gobierno, o de quienes frente al conflicto puntual decidieron estar enfrente, deben haber dudado del sincero corazón de Cobos cuando a las pocas horas de votar se trepó al auto para recoger en los caminos y pueblos la adhesión chacarera. Debe ser un hallazgo o hecho psicológico de fuste que al rato de vivir el momento más difícil de la vida uno ande feliz por las rutas argentinas, con una sonrisa radiante y mostrándose para la foto. Alguien, pocos, varios tienen que haber sentido un cosquilleo cuando la vieron a Carrió advertir que su misticismo había acertado, por fin, el mes exacto en que llegaría el Mesías o el Apocalipsis, no importa. Tiene que haber generado algo en la gente de buena fe verlo al ruralista Llambías cantando la marcha peronista con Luis Barrionuevo (igual que verlo a Saadi votando el proyecto oficial, nadie dice lo contrario). Osvaldo Bayer se pregunta hoy si nadie le habrá tarareado a Cobos, durante el festejo palermitano, el “for he is jolly good fellow” (porque eres un buen camarada) que los estancieros ingleses le cantaron al teniente coronel Varela, en 1922, al cabo del fusilamiento de centenares de peones patagónicos. Alguno debe haber capaz de conmoverse un poquito por llamarle o haberle llamado “dictadura” al único oficialismo del mundo cuyo vicepresidente le vota en contra y lo hiere de muerte, quizás, porque terminó siendo que semejante dictadura es tan torpe que ni siquiera tenía información de lo que podría ocurrirle en el Congreso.

Cupo recordar por estos días una definición de Gramsci: es hegemonía cuando una clase, o fracción de una clase, logra convencer al resto de las clases, o fracciones de clase, de que sus intereses particulares son los intereses generales. Eso, exactamente eso, es lo que acaba de (volver a) consumarse en la Argentina. Pero no en la madrugada del jueves. Y ni siquiera desde marzo último, cuando en la conjunción de los desatinos gubernamentales, y el aprovechamiento de ellos por parte de la fracción gauchócrata-mediática, comenzó a tejerse el entramado que Julio Cobos coronó con la teatralización de su cinismo supremo. Esto viene y se repite desde hace más de 30 años. Es la victoria de las patronales de los milicos. Son los 30 mil desaparecidos, el Auschwitz argentino para que se haya logrado juzgar y encarcelar a los genocidas, pero no revertir la fenomenal derrota política que supone el terror de las clases medias y populares a cualquier vía de avances alterativos del humor de los privilegiados. Cobos, y junto a él los pusilánimes que priorizaron sus hectáreas, sus chacritas, la tranquilidad del vermucito y la siesta cuando vuelven al pago, la defensa falsa del funcionamiento institucional para que la coreografía periodística los ampare, traicionaron acuerdos políticos de circunstancia. Fueron infieles, pero no desleales. Debajo de la superficie -o bien arriba, en realidad- respetaron a rajatabla su cuadro de valores ideológico: no apartarse jamás de los que estarán siempre, de los que tienen la plata del poder verdadero. Los demás van y vienen, llámense Kirchner o como sea. Los Llambías y los Miguens no. Ellos están siempre. Ellos y el tilingaje que quiere ser como ellos y nunca lo será. Los pobres y el medio pelo que piensan con la cabeza de los ricos son el reaseguro de estos tipos.

Ganaron otra vez, aunque en esta oportunidad no corresponde felicitarlos porque la mayor y mejor parte del trabajo la hizo el Gobierno. El matrimonio presidencial, es decir, porque casi no hay más gobierno que ése. Les resta la rearticulación de sus fuerzas políticas y entronizar al Menem Blanco, que bien podría ser el propio Cobos ahora que es el héroe nacional de la gran familia argentina. Los rentistas agrarios, los periodistas del sentido común, la Sociedad Rural, Lilita, Monsanto, las patrullas troscas que les proveen cotillón, Duhalde, los radicales, Macri. Es eso. No hay comandos civiles, ni grupos de tareas ni ninguna de las afiebradas fantasías o recursos retóricos con los que Kirchner tiró sus últimos manotazos.

El golpe es la repetición de la derrota cultural. Ese sí. Terminan de concretarlo. Y que cada quien se haga cargo de la parte que le toca.

Eduardo Aliverti

MARCA DE RADIO, sábado 19 de julio de 2008.

Julio 19 2008

Móviles, mó-vi-les

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Quisiera exponer una de las falacias más llamativas que escuché durante todo el conflicto con el agro por parte de los oligarcas.

Argumento: “Ya pagábamos el 35% de retenciones, más un 20% de costos nos quedaba un 45% de ganancias. Ahora con las retenciones al 50% el gasto se va a 70% dejándonos un margen de 30%”

Este argumento (simplificado), se le escuchó a cuanto productor andaba pululando por los programas de TV y creo que de alguna manera convenció a la opinión pública.

¡Lo que nadie dijo es que matemáticamente este argumento es absurdo! Simplifiquemos un poco la cuestión suponiendo que el precio de la tonelada de soja al 10 de Marzo estaba en 100 dólares.

Bien, si el productor tenía 20% de gastos, entonces quiere decir que invertía 20 dólares por tonelada. Más el 35% de las retenciones, la ganancia final sería de 45 dólares.

Ahora supongamos que el precio trepa hasta los 160 dólares, y las retenciones (ya que son móviles) van hasta 50%. ¿El productor sigue teniendo el 20% de gastos? ¡No! Los costos se mantienen estables en 20 dólares (como mucho pueden sumarle la inflación, pero nunca crecería como viene creciendo el precio de la soja). Entonces 20 dólares a 160 representa el 12,5% y no el 20%.

Es sorprendente cómo pudieron sostener este razonamiento durante todo el conflicto sin que nadie lo advirtiera.

Ahora, considerando que en este caso se le aplican 50% de retenciones y si le restamos también los costos, al productor le quedan en la mano 60 dólares. Las retenciones subieron, ¡pero subieron porque subió el precio internacional de la soja! Ergo, el productor así y todo gana más de lo que ganaba antes del 11 de Marzo. Cabe destacar que al ser móviles, si el precio cayera hasta los valores del 11 de Marzo nuevamente, las retenciones también caerían a un 35%.

Durante todo el conflicto escuchamos la palabra móviles, pero pareciera que nunca nos pusimos a pensar qué significaban.

Si al 10 de Marzo estaban todos tan bien (al menos no se los oía quejarse), ¿por qué de repente tanto alboroto? Lo que están resignando es renta extraordinaria y no dinero con el que antes contaban.

Por lo general nos equivocamos feo cuando dejamos que nos digan qué pensar.

Julio 04 2008

¿Qué dice Aldo Ferrer?

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Antes que nada, ¿quién es Aldo Ferrer?

Aldo FerrerAldo Ferrer es un distinguido economista argentino, quizás el más distinguido de la actualidad. Más allá de sus ideales políticos, es considerado por unanimidad como un erudito en materia económica. Dentro del ámbito universitario, los alumnos se desviven año a año haciendo lo imposible para lograr uno de los limitados cupos que otorga su cátedra. Es autor de bibliografía “obligatoria” para cualquier alumno de economía.

Fue partícipe del llamado Plan Fénix. El Plan Fénix es un proyecto llevado a cabo por diversos intelectuales y entendedores de la materia económica. Según Universia:

El Grupo Fénix se constituyó con un conjunto de economistas que, desde fines de 2000, consideró necesario discutir, en el ámbito de la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA, los problemas centrales de la economía argentina y comenzar a formular propuestas, con la mirada puesta en el mediano y largo plazo, y también medidas de corto plazo, que permitieran enfrentar la crisis inédita del país.

¿Qué opina Aldo Ferrer?

El día Martes en el programa Palabras más palabras menos conducido por Ernesto Tenembaum y Marcelo Zlotogwiazda se le realizó una entrevista amplia y más que interesante en vivo al economista (recomiendo ver la nota entera en la página de TN).

Me gustaría destacar ciertos extractos:

El país está inserto en el mercado mundial. El mercado mundial tiene precios. (…) Si nosotros admitimos que esos precios se trasladen al mercado interno, la economía argentina la organiza el mercado mundial, y por lo tanto no tenemos desarrollo, porque el desarrollo es la construcción de un espacio de los diversos sectores: de la industria, del campo, de la construcción, de los servicios…

En este fragmento se observa lo que predomina a lo largo de toda la entrevista: un punto de vista diferente, amplio y abarcativo. Quizás no deberíamos debatir sobre el conflicto con las entidades rurales sin tener un ojo puesto en el marco general económico que le queremos dar al país.

Un estado moderno, y eso pasa en todos los estados modernos, administra las señales de precios que vienen del mercado mundial, de fronteras para adentro para permitir que le conjunto de la actividad productiva sea rentable y se pueda desplegar. Entonces el sentido de las retenciones (…) no es el aspecto distributivo. El debate se ha planteado esencialmente en términos de distribución de un ingreso que surge de un determinado precio internacional, dado el tipo de cambio. Y otro que el problema no es básicamente de distribución, es de estructura productiva. Nosotros tenemos que modificar los precios internacionales trasladados hacia adentro para que la soja sea rentable, el maíz sea rentable, la producción agroindustrial sea rentable, avanzar en ese progreso extraordinario que ha tenido la cadena agroindustrial, y al mismo tiempo permitir tener otras actividades. Porque todo lo que llamamos “el campo”, una simplificación, emplea un conjunto de un tercio de la fuerza de trabajo, incluyendo todas las actividades conexas. Si nosotros no tenemos una estructura integrada, con una gran industria, nos sobra la mitad de la población.

Ampliando un poco el extracto anterior, Ferrer explica y plantea el tema de las retenciones en un marco económico general. Habla de los precios internos, y de productividad de una forma muy clara e inteligente.

A continuación dejo un fragmento que plasma una idea que no había escuchado hasta el momento y que me parece simplemente genial:

Las retenciones son un instrumento para tener un tipos de cambio diferenciales. Para poder competir en el mundo moderno no podemos tener el mismo tipo de cambio para la soja que para la venta de maquinarias, de productos químicos, de productos electrónicos… necesitamos tipos de cambio diferenciales. La retención es uno de los instrumentos posibles. Entonces yo creo que el debate (…) hay que hacerlo en términos de estructura productiva y de posicionamiento del país en el mercado mundial, en el entendimiento de que tenemos que tener un país con un gran campo, con una gran industria, en todas las regiones del país.

¡Qué lúcido! Se plantea aquí la necesidad de distintos tipos de cambio para cada sector que conforma la estructura productiva nacional, cuyas necesidades al respecto son diferentes entre sí, y la herramienta de la retención para solucionarlo.

Los aliento a que vean la entrevista entera, ya que después explica cómo y por qué tenemos que tener una estructura diversificada, y que no podemos aspirar simplemente a ser nuevamente “el granero del mundo”. Tenemos que pensar nuestro modelo más allá del “campo”.

Cuando se le pregunta por el conflicto en sí, responde con una opinión por demás alejada a la visión apocalíptica que solemos tener los argentinos:

Yo creo que lo característico de este conflicto, lo que a mi siempre me llevó a la idea de que esto se tiene que arreglar, es que comparado con la experiencia histórica se plantea dadas tres circunstancias. En el marco de la constitución: a nadie se le ocurre que esto se puede resolver fuera del marco de la constitución, el hecho de que entre el congreso es un paso fundamental; segundo, se produce en el marco de una economía ordenada: nos hemos dado el lujo en un momento de conmoción en los mercados financieros internacionales (…) armar un lío de este calibre en la Argentina y acá no pasa casi nada, quiero decir que no hay un descalabro, no es un 2001, no es un 2002, no es el momento de la caída de Alfonsín, no hay hiperinflación, es decir, la economía está bajo control; y el tercer elemento: (…) buenos precios internacionales.

Es muy interesante la posición que plantea Ferrer, no sólo desde el punto de las retenciones sino desde el punto contextual.

La semana pasada Ferrer expuso sus puntos de vista en el parlamento bajo circunstancias poco normales. Según Crítica:

Todo transcurría como en los últimos dos días: un recinto atestado de diputados, asesores, periodistas y público en general, cuando la exposición del economista Aldo Ferrer fue interrumpida este mediodía por los gritos y empujones de un grupo de productores de Río Negro que entraron a la pequeña sala para exigir el tratamiento de las retenciones a las peras y manzanas.

Links de interés:

Julio 02 2008

Por qué las retenciones disminuyen los precios internos (explicado con manzanas)

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En estos días pareciera que entre ataques, defensas, ofensas y agravios se están perdiendo de vista los puntos básicos en el debate.

Las retenciones que promueve aplicar el gobierno tienen básicamente tres objetivos: engrosar la recaudación, des sojizar el suelo, y garantizar bajos precios de los alimentos en el mercado interno.

Este último punto es esencialmente importante, y pareciera que nadie puede explicarnos “didácticamente” cómo es que funciona. Trataré de lograrlo:

Gráfico 1

Supongamos que el productor venda en el mercado externo cada manzana de su cosecha a un precio de 10 dólares (porque así está fijado el precio internacional). Excelente, nos alegramos mucho por usted, señor productor, ganará mucho dinero. Pero, ¿qué pasa con el mercado interno?

Escenario 1

Gráfico 2

Obviamente como el productor puede vender toda su cosecha a mercados externos a precios dólar no resignará dinero alegremente vendiendo en el mercado interno a menor valor. Por lo tanto, una manzana, en nuestro ejemplo, nos costaría 30 pesos.

Escenario 2

Gráfico 3

Evidentemente, ¿quién compraría una manzana a 30 pesos?. El productor decide destinar toda su producción al mercado externo y cobrar los jugosos dólares. En la verdulería amiga dejamos de ver manzanas.

Escenario 3. RETENCIONES.

Gráfico 4

El estado aplica retenciones a las exportaciones de manzanas, lo cual hace que el productor cobre tres dolares por manzana. Claramente es más conveniente para él vender manzanas en el mercado nacional a un precio de 10 pesos, garantizando a la población muchas muchas manzanas a precios accesibles.

Ahora, cualquiera podría argumentar que la manzana en la vida real es la soja y, seamos sinceros, ¿cuánta soja consumimos los argentinos? Bien, acepto el desafío, hagamos la situación un poco más compleja: introduzcamos bananas.

Gráfico 5

De la producción total, una parte corresponde a la de bananas. La banana no cuenta con la gracia de un elevadísimo precio internacional por lo cual el productor podría vender bananas en el mercado interno a un precio accesible sin resignar dinero. Pero estamos obviando un factor fundamental. La manzana sigue gozando de altísimos precios internacionales, por lo tanto la cosecha total lucirá más de esta forma:

Gráfico 6

La mayoría de la producción se dedica a las manzanas (claro, se pagan mejor que nada) mientras que la producción de banana cae estrepitosamente. ¿Qué consecuencias trae esto? Escasez de bananas, y en consecuencia la suba de su precio.

Nuevamente, aplicando un escenario de retenciones, al productor le conviene cosechar bananas tanto como cosechar manzanas, por lo tanto nos garantizamos abastecimiento, buenos precios y de yapa no destruimos el suelo de nuestro campo.

Gráfico 7